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Cambiemos la rueda del poder y control al amor y respeto


DESAPRENDER PARA APRENDER

La construcción social y cultural derivada del género, es decir, lo que significa ser un hombre y una mujer y las capacidades que supuestamente se derivan, está muy presente en la forma en que nos relacionamos. El hombre, conceptualizado como fuente de poder, como controlador de la situación, como dominador, y la mujer, contrapuesta a éste, como fuente de sumisión y dependencia, son los dos componentes fundamentales que pueden hacer que las relaciones afectivas no se desarrollen en un plan de igualdad y pueda acabar degenerando en situaciones de violencia de género. Con esto no queremos simplificar la problemática de violencia que sabemos en un fenómeno multifactorial y complejo.

Por lo que no nos sorprende que las cifras encontradas a nivel mundial en relación a la violencia hacia la mujer sean alarmante, estas hacen referencia a que 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual a lo largo de su vida y en algunos países esta proporción aumenta a 7 de cada 10. En nuestro país en particular, de acuerdo con ENDESA (2013), el 35% de las dominicanas ha sufrido algún tipo de violencia por parte de su pareja. Y el 26% de las dominicanas reportó haber tenido al menos una experiencia de violencia física.

La propuesta para erradicar la violencia, por sus consecuencias devastadoras en la vida, presente y futura, de sus víctimas y, en nuestra sociedad,  radica en el involucramiento, no solo de las instituciones estatales (a través de respuestas políticas y sociales de prevención, judicialización y atención a esta problemática); si no también de las organizaciones de la sociedad civil, de las comunidades educativas,  de las sobrevivientes de violencia y de toda la población; sobre todo en lo referente a atender las causas estructurales de la violencia contra las mujeres y las niñas desde sus raíces, lo que implica la necesidad de tomar acción para la prevención el hogar, la escuela, los medios de comunicación y el ambiente social en general.

Se hace necesario una profunda sensibilización de cómo se dan las relaciones entre géneros, y de la necesidad de un cambio mental y cultural profundo que comprenda lo absurdo que es sostener relaciones desiguales entre hombres y mujeres.

 De esa manera podemos desaprender para aprender a construir relaciones saludables en donde vivamos experiencias de tener  comunicación sana, límites saludables, respeto, empatía hacia el otro,  y apoyo mutuo; en donde las necesidades individuales de todos (niños/as y adultos, hombres y mujeres) sean reconocidas y validadas. Pasando así a la comprensión de que el amor no es sumisión, control, ni dependencia, si no potenciación de las capacidades y habilidades del otro. En este proceso de construcción nueva todos tenemos un rol, como padre, educadores, profesionales de la salud (física y emocional), etc. Se hace urgente que nos entrenemos para asumir bien nuestra función, buscando asesoría y profesionalizándonos para enriquecer nuestras capacidades como padre, educadores y profesionales especialista en las áreas afines.

Des-construir y construir,( des-aprender y aprender ) es todo un reto personal, social, estatal sobre todo en este tema de la violencia. Pero es posible cuando todos hagamos lo que nos corresponde.

 Por otro lado es importante identificar cuando una persona está envuelta en una relación violenta, prestándoles atención a ciertas señales a través de un Modelo que nos ofrece Duluth, el cual es el resultado de entrevistas realizadas a supervivientes de violencia en el ámbito de la pareja y a los agresores. El resultado es la Rueda de Poder y Control, donde encontramos todas las formas de violencia y control que un agresor ejerce sobre su víctima:

  • Abuso económico: Tratar de evitar que la mujer consiga trabajo o que lo mantenga si ya lo tiene. Obliga a la mujer a pedir dinero. Asignar una mensualidad. Apropiarse del dinero que ella gana. La castiga hasta que ella renuncia
  • Abuso emocional: Ridiculizar a la mujer y hacerla sentir mal con ella misma. Hacerle creer que está loca. Utilizar juegos mentales y/o psicológicos, que hacen que la propia mujer dude de lo que está viviendo.
  • Aislamiento: Controlar qué hace, con quién se relaciona, con quién habla, qué lee, a dónde va, utilizando los celos como forma de justificación de estas acciones.
  • Uso de coerciones y amenazas: Utilizar amenazas que hieren emocionalmente a la mujer; amenazar a la mujer con: quitarle los niños, dejarla, agredirla, acusándola de abandono del hogar. Amenazar con el suicidio o con la muerte de ella.
  • Minimizar, negar, culpar: Minimizar el abuso sin tomar seriamente los intereses de la víctima. Negar que se ha producido un abuso. Culpar a la víctima de causar el comportamiento abusivo por parte del agresor, lo que hace que éste no asuma su parte de responsabilidad.
  • Intimidación: Atemorizar a la mujer mediante gesticulaciones, miradas o subidas de voz. También tirándole cosas, destruyendo su propiedad, rompiendo cosas delante de ella. Tiene, pues, una relación directa con el lenguaje no verbal.
  • Manipulación de las hijas y los hijos: Hacerla sentir culpable de lo que les pase a los hijos e hijas. Utilizarlos para hacerle llegar mensajes. Utilizar las visitas a las hijas e hijas como una manera para seguir castigando a la mujer.
  • Privilegio masculino: Tratar a la mujer como una sirviente. Tomar las decisiones importantes sin consultar a la mujer. Actuar como el rey de la casa.